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miércoles, 18 de diciembre de 2019

Mercedes Núñez Targa: escritura contra el olvido

Mercedes Núñez Targa: escritura contra el olvido

Artículo publicado en la Revista Cultural Los Ojos de Hipatía, el 17 de julio de 2019

Rocío González Naranjo

Como viene haciendo de manera excepcional la editorial Renacimiento, en su trabajo de recuperación, nos ofrece las dos obras memorialísticas de Núñez Targa en un solo volumen titulado: El valor de la memoria. De la cárcel de ventas al campo de Ravensbrück. Es una obra imprescindible para conocer la represión sufrida de los luchadores por la libertad que, no está de más decirlo, no tuvieron el apoyo de ninguno de los llamados países democráticos.

   En efecto, Mercedes es una de esas personas que se ha mantenido en el olvido de manera insultante (sobre todo en España) por diferentes razones. La primera que nos parece esencial es el hecho de ser mujer. Ciertamente, la Historia viene siendo escrita de manera androcéntrica, privilegiando héroes hombres que parecen representar los valores de la sociedad imperante. En segundo lugar, un silencio de casi cuarenta años de dictadura es otro de los factores que han sufrido no sólo las mujeres, sino también los hombres que lucharon por la República, pues la Historia viene siendo escrita por los vencedores. Y por último, una legislación dudosa en materia de memoria histórica que además llegó tarde, muy tarde, y que sigue siendo una problemática en estos años en los que se celebra el 80 aniversario de la Retirada.

    Los libros de Mercedes, Cárcel de Ventas y Destinada al crematorio tienen un valor no sólo memorialístico, sino historiográfico que deberían insertarse en los libros escolares, gracias a la transmisión de valores para la construcción del ciudadano, tan necesaria hoy en día. Desgraciadamente, esta manera de ocultar nuestra historia más negra y la exaltación de valores obsoletos hacen crecer fuerzas antidemocráticas y rancias como lo es un partido de cuyo nombre no quiero acordarme.

    Mercedes no cometió más delito que adherir a las ideas progresistas de la República y defenderlas durante la guerra civil. Miembro del PSUC y activa en diversos frentes, fue la secretaria del cónsul de Chile en Barcelona, Pablo Neruda. Al terminar la guerra, la “peligrosísima” Mercedes fue a parar a la malograda cárcel de Ventas, donde permaneció dos años. “Explica a los de la calle lo que has visto aquí”, le dijo una reclusa, y Mercedes cumplió su promesa. En sus escritos relata el horror de aquella cárcel sobrepoblada, denominándola de manera irónica “Hotel maravilloso”. Las diligencias – eufemismo para hablar de torturas –; las “sacas” en medio de la noche con el horrible destino de las tapias del Cementerio del Este; las “expediciones”, alejando así a las reclusas de sus familiares; la “caridad” de las monjas del Buen Pastor… Ciertamente, es una obra que oprime el corazón, pero muy necesaria. Gracias a su escritura, Mercedes pudo cumplir su palabra al dar voz a las que ya no pudieron hacerlo, e incluso nombrar a muchas mujeres, entre ellas a Matilde Landa, Matilde Revaque, Julia Lázaro, María del Rey, Rosita Ventura, Dolores Cuevas o las Trece Rosas.
Dibujo de Mercedes en las que aparecen la pedagoga Justa Freire y la maestra Rafaela González Quesada, con las que trabó amistad.
   Como en otras obras de antiguas presas – Tomasa Cuevas, Carlota O’Neill – comprobamos que ante esta situación, las presas resisten: pequeños gestos de resistencia que en un lugar y momento como aquel, era algo muy temerario. Se buscaba masacrar a estas mujeres por su pasado: mujeres modernas, intelectuales, obreras, comprometidas, o simplemente esposas o madres de republicanos. La tortura y el asesinato no les bastaba para acabar con “la semilla roja”, sino que, degradando las condiciones de vida de estas mujeres, conseguían acabar con la dignidad de la persona. No fue el caso de estas luchadoras, como cuenta Mercedes. No consentían la suciedad, ni que una compañera se dejara de cuidar, e intentaron (y lo consiguieron) continuar una vida casi normal dentro de los muros de la prisión. De este modo, Mercedes nos cuenta la creación de la escuela, y como ésta pudo ayudar a muchas mujeres a saber leer y escribir; del mismo modo se concentraron en cantos corales. Es decir, había que continuar viviendo, siempre con la esperanza de que los aliados liberarían a España del fascismo.



   El periplo de Mercedes no terminó en las cárceles franquistas, pues consiguió huír a Francia, donde participó activamente en la resistencia contra los ocupantes nazis. Concretamente, participó en la Quinta Agrupación de Guerrilleros Españoles en la zona de Carcassonne, al sur de Francia. En mayo del 44 la Gestapo la detuvo y fue conducida al campo de concentración de Ravensbrück. Es la segunda lectura que aporta este volumen. Si ya nos habíamos sobrecogido con la estancia en la cárcel de Ventas, el testimonio sobre la reclusión en Ravensbrück es atroz, pero repetimos, necesaria. Además, Mercedes escribe con una espontaneidad que da la oralidad de su escritura y la experiencia en primera persona, como bien señala:

Escribo porque se tiene que contar, aunque no sepa demasiado, con mi vocabulario empobrecido por el exilio; porque no se trata de hacer obra literaria, sino de decir la verdad1.

   Otras lecturas sobre Ravensbrück las encontramos con Neus Català o Lise London por ejemplo, y las similitudes de las vivencias confluyen en una única voz: la de las mujeres antifascistas. Mercedes nos sumerge en su periplo antes de llegar al infierno: el fuerte de Romainville y su intento de evasión; el paso por Sarrebruck, en el que comienza a ver el trato dado a los antifascistas y la crueldad de los nazis; el viaje en un tren de ganado hacia el infierno de Ravensbrück, en el que las mujeres no tienes más que una botella de agua y un cubo para sus necesidades durante cinco días. Vemos pues que el objetivo de los nazis era el mismo que el de los franquistas: la pérdida de la dignidad humana de estas mujeres.
Triángulo rojo de Mercedes en Ravensbrück

   El campo de Ravensbrück es la muerte misma, conjugándose como un insulto de las muertes diarias con bellas casas con jardines, casas destinadas a los “trabajadores” del campo. De nuevo, Mercedes conoce la solidaridad entre españolas y extranjeras, y otra vez nos encontramos ante situaciones de degradación del ser humano: las horas interminables del appell – el recuento de las prisioneras –, la crueldad de las blockowa – las jefas de los barracones –, las experiencias médicas, la cámara de gas… es decir, la lucha por la supervivencia. Mercedes formó parte de un Kommando de trabajadoras, el destinado a Hasag, empresa dedicada a la producción de armamento, empresas que se enriquecieron con la mano de obra gratuita que les proporcionaba la esclavitud instaurada para los enemigos del nazismo. Y de nuevo tenemos la sensación de esperanza ante pequeños momentos de triunfo, de resistencia, al sabotear la producción por ejemplo, o incluso al romper una máquina de producción de obuses donde mueren dos alemanes. Hay un momento en el que las presas rechazan un sueldo que se ha querido dar para demostrar que son tratadas de manera indulgente. Y podría continuar, pero no quiero quitar al futuro lector el placer de descubrir por sí mismo la experiencia vital de una luchadora por la libertad, que fue reconocida en Francia, pero que a día de hoy sigue siendo “uno de esos españoles que pasaron por las cárceles franquistas” sin indagar más en la cuestión. Mercedes Núñez Targa merece ser estudiada en los libros de Historia, como tantísimas otras luchadoras por la libertad.

1Mercedes Núñez Targa, El valor de la memoria, Renacimiento Editores, Sevilla, 2016, p. 125.

jueves, 6 de diciembre de 2018

Ernestina de Champourcin: de la memoria y la autoafirmación


Ernestina de Champourcin : de la memoria y la autoafirmación, artículo publicado en Los Ojos de Hipatía, el 2 de junio del 2018


Rocío González Naranjo


Ernestina de Champourcin ha sido recientemente reconocida como una de las poetas inconfundibles de la Generación del 27, gracias a la labor de Tània Balló y al documental Las Sinsombrero. Incluso ahora, si buscamos información en diferentes páginas web, nos confirman que era una reconocida en la nómina de integrantes de la Generación del 27. Esto en parte se produce porque Gerardo Diego la integró en Poesía española contemporánea de 1934, junto a Josefina de la Torre. Incluso fue nominada al Premio Príncipe de Asturias de las Letras en 1992. Pero ella no tuvo conciencia de « ser », como muchas de nuestras modernas. Ella dedicó su vida a rememorar aquella generación sin dar valor a su propio protagonismo.




 Quizá porque no se reconoció a sí misma, como muchas otras mujeres artistas y literatas, no fue reconocida como debiera. Ernestina, conocida como « Nina » familiarmente estuvo, ante todo, al servicio de la memoria de otros, como es con el caso de su admirado poeta, Juan Ramón Jiménez.
Es cierto que en la Universidad de Navarra podemos acceder libremente a tres tomos que escribió en el otoño de su vida, ya de regreso a España, pero aún no hemos tenido la suerte de tener entre nuestras manos la edición de María Elena Antón Ramírez, Diarios y memorias de Ernestina de Champourcin : algunos fragmentos inéditos, publicado por la Universidad de Navarra en el 2006. Vamos a conformarnos con la primera lectura que hemos tenido.



Comprender a Ernestina es difícil, sobre todo si leemos su obra La ardilla y la rosa (Juan Ramón en mi memoria), editadas por la fundación del poeta moguereño en 1997, pues comprobamos que, aunque une sus recuerdos al encuentro con el matrimonio Juan Ramón-Zenobia, no podemos más que preguntarnos por qué se refugiaron sus recuerdos en esa amistad, y no en sus vivencias durante los hermosos años de explosión cultural como es la denominada Edad de Plata.



Su deriva al Opus Dei fue tal que incluso l@s amig@s de aquella maravillosa generación le dieron de lado, y cuando se encontró en España de nuevo tras su largo exilio, la soledad era un lastre importante. Prueba de ello es un escrito que cita Tània Balló en su libro Las Sinsombrero :

2 de enero de 1990. Comienzo del año casi en vacío. La radio con las pilas más caras puestas hace tres días no funciona. La otra está a arreglar. La chica se ha ido con gripe. El teléfono no ha sonado ni una vez. […] Me gustaría ser nueva como el año. ¡Pero qué difícil !1


Ernestina con su marido, Domenchina

Pero empecemos por el principio, o más bien por la mitad. No vamos a explicar la vida de esta intelectual y artista ya que, afortunadamente, podemos encontrar mucha información en la web y cómo no, en el documental de Las Sinsombrero. Eso sí, debemos explicar algunas circunstancias para comprender la trayectoria vital y artística de Nina. Esta gran poeta, intelectual y moderna, tuvo la suerte de pertenecer a una familia de clase alta y liberal, con lo cual tuvo una educación igualitaria a la de sus hermanos, pudiendo asistir a las clases de la Escuela libre, pero que a la hora de matricularse en la universidad, recibió la negativa de su padre.

No por ello, Ernestina se rindió, pues fue una mujer luchadora y a contracorriente. Sabía hablar y escribir inglés y francés e incluso escribió algún que otro poema en la lengua de Molière. Así que empezó a escribir poemas para diferentes revistas de la época, obteniendo un buen apoyo de la crítica. En Madrid se acerca a los círculos culturales e incluso sociales a los que no pertenece, pero eso le ayudará para perfilar su personalidad política, tan importante en su devenir.


Residencia de Señoritas

El Lyceum Club de Madrid le dio la oportunidad de consagrar sus relaciones sociales, culturales y artísticas del momento, continuando a escribir poemas. Aunque no pudo formar parte de la junta fundacional por la negativa de su padre, ella no faltó un solo día a las tertulias, conferencias y otras actividades de este refugio femenino de un Madrid hostil a la independencia de las mujeres. Y es entonces, tras la publicación de su primer poemario En silencio (1926), cuando conoce a su admirado poeta, a Juan Ramón Jiménez. Y aquí, permítanme que pase directamente a La ardilla y la rosa, unas memorias « para otro », en las que ella es únicamente testigo de algunos hechos, sin sentirse para nada protagonista de la historia, como si estuviera escribiendo uno de sus poemas en los que el ser poeta se disocia del ser humano.

Y al llegar a este punto quiero advertir que no trato en estas páginas de hacer historia ni crítica literaria, ni puntualizar con datos concretos una época determinada de las letras españolas, sino trazar a mi modo y con los fallos naturales de mi gastada memoria una imagen mía, personal, de Juan Ramón en la que es difícil separar al poeta y al hombre.2


Matrimonio Camprubí-Jiménez

Este fragmento en el que advierte al lector de sus « fallos naturales » muestra una inseguridad que no es propio de una mujer que transgredió los códigos sociales establecidos para las mujeres en una época oscura para convertirse en una pionera moderna. Nos sorprende esta « humildad » al escribir sobre el poeta moguereño. El tono de este libro de memorias será de este modo constantemente. Ernestina aludirá a sus encuentros, sus recuerdos, sus sentimientos, etc., desde una postura humilde, casi pidiendo perdón por sus posibles errores memoriales.

Pero es cierto que debemos también leer estas memorias como una enseñanza esencial para Nina y sus coetáneos, ya que la figura de Juan Ramón se presenta como el Maestro, el que le hizo descubrir autores de su generación, como Alberto, Lorca, Cernuda, Guillén, Salinas, Aleixandre...3así como autores ingleses clásicos (Keats, Shelley, Blake, Yeats...)4.

Del mismo modo, el hecho de conocer a Juan Ramón y a Zenobia, permite a Nina tener un círculo que se establece alrededor de la pareja, lo cual recuerda con mucha nostalgia : la tienda de artesanía de Zenobia, las excursiones con la sobrina de Zenobia, Inés ; las amistades con las « niñas » de Juan Ramón – como las llamaba Zenobia - , las fiestas en casa de Zenobia y Juan Ramón llena de juventud, los conciertos con la pareja, etc., toda una época dorada que Nina recuerda alternándolo con la cronología de sus publicaciones, queriendo demostrar que Juan Ramón era su guía poético.
Y el ambiente convulso llega, pero los intelectuales siguen sus actividades, hacia 1936, en el que Nina afirma con amargura :

Fueron aquellos días agitados y nerviosos, en que a pesar de andar envueltos en nuestra poesía, percibíamos ese algo que se nos venía encima a los españoles y que iba a traernos a todos tantos cambios dolorosos.5

Y en este párrafo, por fin, encontramos una voz plural, y observamos que Ernestina se siente formar parte de ese mundo, de ese círculo de poetas, artistas e intelectuales. Y es aquí donde podemos decir que la personalidad poética de Nina se afirma. De este modo, hizo falta mucho tiempo para que la propia autora se sintiera formar parte de una generación, pero por fin lo consiguió. Dejó de ser Ernestina Michels de Champourcin y Morán de Laredo para ser Ernestina de Champourcin. No sólo como personalidad artística, sino como mujer comprometida.
Reportaje de Mundo Gráfico sobre las accionesd e la Junta de Protección de Menores

Al comienzo de la guerra, Zenobia pide ayuda a sus amigas, y éstas responden, entre ellas Nina. Se trataba de cuidar a niños abandonados por la Junta de Protección de Menores. Pero debido a su aire de aristócrata (que lo era) y al aire de clérigo de Juan Ramón (que lo parecía), tuvieron que abandonar esas actividades por miedo a represalias de los milicianos, pero Ernestina se fue al Hospital de sangre. Sin embargo, otro incidente por sus orígenes sociales la hicieron desistir en la ayuda.

Y comenzó el exilio, tras ser evacuados ella y su marido por el Quinto Regimiento hacia Valencia, con una breve estancia en Barcelona, pasando a Francia y terminando en México. Las relaciones con la pareja Zenobia-Juan Ramón fueron retomadas y la poeta explica la enfermedad de Juan Ramón y las muertes de ambos.
Ernestina con unas amigas en el exilio

La ardilla y la rosa se convierte así en un itinerario personal ligado al de dos figuras importantísimas para toda una generación. Pero no olvidemos que, quien escribió estas memorias, no pensó en ningún momento en ella, sino en aportar su recuerdo a la construcción o deconstrucción del poeta moguereño.

El camino es progresivo, y en esta obra vemos cómo Nina, desde una posición de tercera persona, deviene primera persona...del plural. Quizá sea ése uno de los mayores problemas con el que nos encontramos cuando se trata de recuperar a nuestras mujeres : que ellas mismas no quisieron o no pudieron tener conciencia de la importancia que ejercieron en su momento, y de la que siguen ejerciendo hoy en día.


Ernestina con E. Checa

1 Balló, Tània, Las Sinsombrero. Sin ellas, la historia no está completa, Espasa Libros, Barcelona, 2017, p. 230.
2Champourcin, Ernestina de, La ardilla y la rosa, Fundación Juan Ramón Jiménez, Huelva, 1997, p. 25.
3Op. cit., p. 27.
4Op. cit. p. 33.
5Op. cit., p. 61.

viernes, 19 de octubre de 2018

María Luisa Algarra: exilio y mito


María Luisa Algarra: exilio y mito

Artículo publicado en Revista Cultural Los Ojos de Hipatía, el 28/01/2017Rocío González Naranjo

Tras la guerra civil, muchos fueron los españoles que tuvieron que abandonar la España franquista. Los principales países de acogida fueron Francia, México y la Unión Soviética. Muchos escritores dejaron huella de esta dolorosa experiencia, como Max Aub, que escribió Campo francés, donde se puede observar el periplo de un antifascista español, primero en el campo de concentración improvisado del estadio de Roland Garros, y después en el campo de Vernet en la región francesa de Ariège. María Teresa escribió su exilio en Memorias de la melancolía, mientras que su marido recordó su paso por Francia en Vida bilingüe de un refugiado español en Francia (1939-1940), mostrando la persecución de la policía parisina. 

Cuando la joven escritora catalana María Luisa Algarra se exilió, dejó también huella de su paso por Francia, antes de llegar a México, en su obra Primavera inútil1. Gracias a esta obra, podemos conocer un poco más acerca de la misteriosa vida de esta primera mujer juez de España. Además, esta obra es un alegato magnífico de la vida, en un momento difícil no solamente para los españoles, sino para toda Europa y el mundo entero.

La dramaturga, en su época mexicana

María Luisa Algarra (1916-1957) pertenecía a una familia burguesa catalana, y antes de hacerse conocer como dramaturga, estudió derecho y consiguió ser la primera mujer juez de España, en Granollers, en la provincia de Barcelona. Su primera obra, Judith, escrita en catalán y representada en 1936, obtuvo un primer premio del concurso de Teatro Universitario de Cataluña. Durante la guerra, publicó artículos en periódicos feministas, comunistas y catalanistas, participando también de manera activa en el Primer Congreso Nacional de la Dona en 1937. El periodo francés es el que nos resulta misterioso y por ello hemos decidido analizar su obra Primavera inútil.
En los pocos estudios que se le han consagrado, se dice que después de la toma de Barcelona por los franquistas - el 26 de enero de 1939 - Algarra huyó a Francia donde fue arrestada y encarcelada durante un periodo de tres años, alternando prisiones y el campo de Vernet. Consiguió, según estos estudios, huir del campo y llegar a París donde formó parte de la Resistencia francesa, antes de partir hacia México a finales del año 19422. Sin embargo, analizando la obra de las que le hablo, así como documentos encontrados, me hacen pensar que estas informaciones han sido mitificadas por la propia autora, la cual guardaba un celo absoluto por su vida privada además de hacerse una “auto-construcción trágica” de su vida3. Para empezar, no creemos que estuviera tres años encarcelada, y menos en el campo de Vernet que era un campo reservado a los hombres4. Pudo ser enviada a los campos de Argelès, de Barcarès o de Saint-Cyprien durante los primeros meses de la
Retirada, ya que en estos campos sí había mujeres. Por otro lado, en un artículo de Alejandra Herrero, la hija de la dramaturga, Reyes Meza, explica que, después de su fuga del campo hacia París, su madre llegó a Veracruz en el Sinaia, el primer barco que el gobierno de Lázaro Cárdenas puso al servicio de los republicanos españoles5. Este barco partió del puerto de Sète el 23 de mayo de 1939 con más de mil quinientos refugiados españoles6. Entonces, siguiendo la cronología, las fechas no concuerdan. Como prueba irrefutable, hemos encontrado la ficha de entrada de la dramaturga a México, en la que se muestra su llegada el 29 de abril de 1939, fecha que coincide con la llegada del barco Flandres, el 21 de abril, el cual partió de Saint-Nazaire el 4 de abril.
Incluso en torno a su precoz muerte no hay más que rumores. Pero a pesar de estas confusiones en su vida personal, podemos decir que tuvo una breve, pero brillantísima carrera como dramaturga en México, pues formó parte de los autores que se codearon con Rodolfo Usigli, además de los innumerables guiones de cine que realizó.
Edición de las obras de Algarra por la ADE (Asociación de Directores de Escena)
Primavera inútil pone en escena a un grupo de antifascistas refugiados en un castillo antes de la capitulación de Francia. El grupo está compuesto por, entre otros, dos alemanes, un austríaco y dos españolas: Laura e Irma. A pesar de sus diferencias, todos tienen en común el exilio. Sin embargo, a pesar de su situación, el castillo supone una especie de heterotopía en la que los personajes viven fuera del tiempo y del espacio, felices y despreocupados. En este ambiente, surge el amor de algunos de los habitantes. Pero el más apasionado, el de Irma, la refugiada española, por Walter, éste último un exiliado alemán enfermo y depresivo, tal como se encuentra Europa en esos momentos. Irma muestra un amor apasionado queriendo salvar a Walter (= Europa). Irma tiene la oportunidad de partir a México, pero decide quedarse con Walter en París, donde trabaja en un organismo de propaganda bajo las bombas, mientras que el temeroso Walter sigue sufriendo. Estos sentimientos de Walter e Irma se traducen perfectamente en la situación por la que pasaba Europa cuando la autora escribió esta obra, hacia 1943. Después de una serie de eventos, Irma recibe de nuevo un pase para otro barco y Walter realiza el único acto de amor del que es capaz: se suicida. Sí, acto de amor porque sabe que es un lastre para Irma y que, mientras él siga en vida, ella nunca lo abandonará. De este modo, tras encontrar el cadáver, la protagonista decide partir hacia México.
Si Walter vive algún tiempo feliz, es gracias al amor de Irma, o, dicho de otra forma, si Europa vive esperanzada, es por el amor a la libertad de gente como la protagonista. Podríamos así sugerir que se trata de un retrato de la autora que, como Irma, es una mujer apasionada y defensora de los más necesitados. Como ella, Algarra es una refugiada política que acaba de vivir una guerra y que ha huido de su país, sin saber dónde va a ser acogida; como la autora, Irma afirma haber recibido una educación liberal. El feminismo de Irma está presente en toda la obra, al igual que Algarra en los primeros tiempos de la guerra en España. Es posible que la autora, como dijimos, pasara por París y trabajara para la Resistencia francesa, como la protagonista trabaja para un organismo de propaganda traduciendo alocuciones o artículos. Esto nos hace pensar en la Radio París Mundial, donde también trabajaron María Teresa León y Rafael Alberti. Irma escribe a unos amigos que viven en París en el primer acto, amigos que le ayudan para los pasajes de barco. Podría tratarse de Picasso, Tristán Tzara y Miró. Este último la puso en relación con Fernando Gamboa (funcionario mexicano del SERE ‒ Servicio de Evacuación de Republicanos Españoles, creado por el gobierno de Lázaro Cárdenas ‒) para obtener un pasaje en barco, según la hija de la dramaturga7. Por fin, el segundo pasaje que recibe Irma para partir hacia México es en un barco que sale del puerto de Saint Nazare. ¿Es posible pensar que se trate del Flandres, el barco que coincide con la llegada a Veracruz de Algarra? Sea lo que sea, sobre la vida de Algarra, no podemos más que hacer hipótesis.
Entrada visa de María Luisa Algarra a México

La primavera, época de renacimiento, de amor, de esperanza, se convierte en una estación asesina, detestable, inútil. ¿No fue en primavera cuando se proclamó nuestra efímera Segunda República española? ¿No fue en primavera cuando Algarra vivió sus primeros meses en el exilio? ¿No fue durante esta estación cuando Franco se emparó del poder? El para texto de Primavera inútil indica así el sentimiento existencial no sólo de la autora, sino también de todas aquellas personas que tuvieron que dejar atrás un país en manos de un dictador.
Algarra, María Luisa, Primavera inútil, Casandra o la llave sin puerta, Los años de prueba, édition de Luis de Tavira, Publicaciones de la Asociación de Directores de Escena de España, Madrid, 2003.
Heras González, Juan Pablo, «María Luisa Algarra, una autora del exilio : trayectoria dramática », Revista Signa, UNED, Madrid, 2006, num. 15, p. 325-339.
Herrero, Alejandra et Valero, Vida, «El fenómeno teatral y María Luisa Algarra. Análisis de Sombra de alas», Tema y variaciones de literatura, num. 23, 2005, UAM, p. 241.
Tavira, Luis (de), «Exilio español en México. La paradoja del exiliado», Primer Acto, num. 253, 1994, p. 34.
1 Su corta carrera dramaturgia contiene cinco obras:
- El 16 de octubre de 1936 se representa por primera vez en el Polioroma de Barcelona su primera obra, Judith, primer premio del concurso de Teatro Universitario de Cataluña, por la compañía de Enrique Borrás, en catalán.
- El 2 de agosto de 1944 se escenifica Primavera inútil, y en septiembre esta obra se representa en el Teatro del sindicato Mexicano de Electricistas por Proa Grupo, con dirección de José de Jesús Aceves.
- A finales de los cuarenta, publica Sombra de alas.
- En febrero de 1953, se representa Casandra, dirigida por Pedro Galván en el Teatro del Caballito.
- En junio de 1984, se representa Los años de prueba en el Palacio de Bellas Artes.
2 Teoría de Luis de Tavira y de Juan Pablo Heras González.
3 Tavira, op. cit., p. 7.
4 Maugendre, Maëlle, De l’exode à l’exil. L’internement des républicains espagnols au camp du Vernet d’Ariège, de février à septembre 1939, sous la direction de MM. Alexandre Fernández et Sébastien Laurent, Université Bordeaux 3 Michel de Montaigne, 2007, p. 308.
5 «Allí, en París, se reencontró con Picasso, Trístán Tzara y Miró. Fue este último, quien la relacionó con Fernando Gamboa para que le arreglara su documentación y pudiese llegar a México en el Sinaia, barco que trajo a la primera emigración de refugiados españoles durante el gobierno de Lázaro Cárdenas». Herrero, Alejandra et Valero, Vida, «El fenómeno teatral y María Luisa Algarra. Análisis de Sombra de alas», Tema y variaciones de literatura, num. 23, 2005, UAM, p. 241.
6 Tavira, Luis (de), «Exilio español en México. La paradoja del exiliado», Primer Acto, num. 253, 1994, p. 34.
7 «Allí, en París, se reencontró con Picasso, Trístán Tzara y Miró. Fue este último, quien la relacionó con Fernando Gamboa para que le arreglara su documentación y pudiese llegar a México en el Sinaia, barco que trajo a la primera emigración de refugiados españoles durante el gobierno de Lázaro Cárdenas ». Herrero, Alejandra et Valero, Vida, op. cit., p. 241.

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