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miércoles, 29 de enero de 2020

La gran capitana: Mika y su guerra de España

La gran capitana: Mika y su guerra de España

Artículo publicado en Revista Cultural Los Ojos de Hipatía, 13-02-2019

Rocío González Naranjo




Durante la guerra civil, los republicanos no contaron con la ayuda de los países democráticos: Francia e Inglaterra decidieron un pacto de no intervención, considerando que era “un asunto interno”, además de otras cuestiones geopolíticas en las que no vamos a entrar ahora. Otras personas conscientes de que la guerra “española” no era una contienda interna, vinieron a España para luchar por la legalidad y por la revolución. Ése fue el caso de Hipólito y Mika Etchebéhère, abandonado una tranquila vida en la Pampa argentina para defender sus ideales.

Mika e Hipólito en La Pampa

Buscaban la revolución obrera, primero en Berlín en 1932, y después en España antes del estallido de la guerra. Mika se encontraba en París, residencia del matrimonio, e Hipólito hacía ya dos meses que se encontraba en Madrid, escribiendo a su esposa sobre la situación revolucionaria que se estaba produciendo. Así, ambos se encontraron en Madrid el 18 de julio, como cualquier español que buscaba defender la República, en busca de armas. Primero fueron a la frecuentada Puerta del Sol, donde se situaba el Ministerio del Interior. Pero en vano: el gobierno decía tener la situación controlada, mientras se producía el asalto al cuartel de la Montaña. La pareja entonces vagó por las calles de Madrid buscando armas que repartían los sindicatos y los partidos. Así comenzó la revolución que después se convirtió en una guerra civil. Fue el POUM, el grupo más cercano a las ideas del matrimonio quien los acogió y les dio las armas correspondientes para defenderse.

Hipólito, jefe militar del POUM

Hipólito se encontró al mando de una columna del POUM: dos camiones, tres coches, cien hombres, treinta fusiles y una ametralladora vieja, eso es todo lo que tenían. Después consiguieron dinamita, la palabra estrella entre las columnas de milicianos. Hipo, como le llamaba Mika, consiguió entrevistarse con la Pasionaria, y él le afirmó la condición del POUM de ser trotskistas. “No tiene importancia, luchamos por lo mismo”. Con las purgas estalinistas todo eso cambiaría, pero en esos momentos era el principio de la revolución en la que todos los antifascistas se unieron para aplastar a los enemigos y en la que la intervención de la URSS aún no había calado en España. Qué pena que no hubieran continuado de ese modo, las disensiones internas fueron las culpables, en gran medida, de la pérdida de la República. Pero volvamos a la historia de Mika e Hipólito.

Mika en 1936 en la estación de tren de Sigüenza con sus hombres

En esos primeros días, Mika se encargó de ser “la madre” de todos aquellos milicianos, cuidando de que no les faltara comida, bebida, higiene, etc. La columna se dirigió a Sigüenza. Allí cambió completamente el destino de Mika. En la Alcarria, queriendo llegar a Atienza, Hipo murió en combate. A partir de entonces, Mika se convirtió, sin quererlo, en la referente de aquella columna. Quizá el hecho de dirigirse a los milicianos como a iguales en un momento en el que el machismo no entendía de ideologías, hizo que fuera respetada desde el principio por un puñado de hombres rudos e incluso, peligrosos:

“Las chicas que están entre nosotros son milicianas, no criadas. Luchamos por la revolución, hombres y mujeres, de igual a igual, no lo olvidéis nunca.”1


Sigüenza comenzó a ser bombardeada por los franquistas, pero la columna de Mika aguantó el asalto por orden de Madrid. Pero después las órdenes no llegaban, parecía que se habían olvidado de esta pequeña columna. Se refugiaron en la catedral, también por orden de Madrid – querían emular lo sucedido en el Alcázar –, y se mantuvieron como pudieron hasta darse cuenta de lo evidente: perderían Sigüenza sin la ayuda de Madrid. Los habían abandonado. En esa catedral murieron muchos luchadores, entre ellos la miliciana conocida como “la Chata”. Mientras permanecían encerrados en aquella catedral, las conversaciones giraban en torno a Mika. Aquellos españoles no comprendían qué pintaba una argentina en aquella guerra. Mika respondía con serenidad:

“Pertenezco a esta guerra y no puedo servirla más que aquí; porque es pura solamente aquí, lejos de la no intervención y de todas las cocinas políticas.”

Fue la propia Chata, con su pierna en gangrena, la que le suplicó que abandonara la catedral, antes que caer en manos franquistas. 

Catedral de Sigüenza tras la batalla

Mika abandonó la catedral con el corazón roto al saber que dejaba a personas heridas y desamparadas ante los fascistas, pero era necesario para poder continuar la lucha. Junto a un francés llamado “El marsellés”, saltó por los muros de la catedral, rompiéndose tres dedos de la mano. Finalmente, se encontró con siete personas entre las que no estaba el marsellés, caído seguramente durante la carrera a campo a través con las balas silbando a sus lados. Fueron salvados por milicianos de varias organizaciones sindicales que los encontraron camino de Mandayona.

Mika en el frente con el miliciano conocido como "El boliviano"

De vuelta a Madrid, Mika se encontró con parte de su columna en el local del POUM. Al estar herida, la mandaron al hospital y le permitieron que partiera hacia Francia, donde tenía su domicilio. Diez días duró. No podía soportar quedarse en un país que miraba hacia otro lado, quería continuar la revolución, y así lo hizo. La columna comenzó a tomar prestigio, y fueron llamados para los combates de la Moncloa. Allí estuvieron hacinados en las trincheras durante mucho tiempo, sufriendo no solamente muertos y heridos, sino también una guerra psicológica que se producía cada noche por parte de los que se encontraban “enfrente”. Mika ya era la capitana. Y ella se preguntaba:

“¿Qué soy para ellos? Probablemente ni mujer ni hombre, un ser híbrido de una especie particular a la que obedecen ahora sin esfuerzo, que vivía al principio a la sombra de su marido, que lo remplazó al mando de la columna en circunstancias dramáticas, que no ha cedido, que los ha apoyado siempre y, para más mérito, que ha venido del extranjero para combatir con ellos.”

Mika en el Cerro del águila, en 1936. Cipriano Mera se encuentra a la izquierda de la foto.

La columna tomó tal prestigio que fueron llamados después de Moncloa para las trincheras de Pineda de Húmera. Allí pasaron los tiempos más difíciles: la lluvia, el frío, los enfermos, los obuses… y Mika no dormía, estaba siempre expuesta y siempre dispuesta para sus hombres. Hacía la ronda con el jarabe en la mano para distribuirlo entre los que tosían sin parar. Comprendió al fin que el alcohol hacía olvidar el hambre, permitiéndolo y repartiéndolo entre los milicianos. El Clavelín, el chico más joven de la columna, pero el más anciano de ellos, ya que estuvo con Mika desde Siguenza, es quizá el hilo conductor de las memorias de la capitana. Es quizá el símbolo de la lucha revolucionaria: las ganas de combatir, a pesar de los peligros, de la muerte; el amor por la libertad, la testarudez mostrada ante una Mika maternal que no le dejaba que estuviera expuesto. Éste fue el último frente que ocupó la columna del POUM como milicianos. Ya por entonces comenzaron las purgas estalinistas contra los trotskistas, y en las trincheras no se hablaba de otra cosa. Mika, que en principio no compartía totalmente las ideas del POUM, acabó formando plenamente parte de la columna y de su partido.


En sus memorias se cuentan anécdotas de todo tipo en cuanto a su condición de mujer en el frente, pero lo que nos ha llamado más la atención es la visita de un periodista francés – no se dice el nombre – el cual sugiere, tras una entrevista con Mika, que duerma con él en el hotel en el que se aloja. De nuevo, Mika demostraba sus convicciones y renunció, no porque no quisiera, sino porque sentía que debía ser íntegra para sus hombres, y así lo hizo. Al volver de la entrevista, los milicianos del POUM le preguntaron, haciéndole comprender que podía hacer lo que quería, que no por ello iba a ser menos respetada. La conversación fue terminada tajantemente por la propia Mika, que antes de ser mujer, era la jefa y compañera de “sus” hombres, y a ellos se debía.


El último frente al que la columna del POUM acudió fue al cerro del Águila, pero esta vez todo cambió. Ya no existían como milicianos, sino como ejército regular. Algunos prefirieron irse con las columnas de la CNT-FAI antes que ser disueltos. Otros aceptaron la oferta de regularización siempre y cuando estuvieran juntos. Así fue, y fueron los primeros en la batalla. Pero Mika dejó de ser su capitana, y pasó a ser capitana adjunta bajo las órdenes del comandante Bautista. Mika continuó, sin embargo, yendo a las trincheras para ayudar a sus hombres, y se dio cuenta de que en ese frente inactivo, hacía falta algo fundamental: una escuela. Con el consentimiento del comandante, la capitana creó una escuela en el mismo frente y enseñó a muchos milicianos a leer. Era también una forma de lucha, a través de la educación.


¿Recordáis a Clavelín? Se presentó ante Mika, aún herido de su última batalla en la Pineda de Húmera, suplicando que le dejara luchar. Con ese sentido materno que Mika tenía hacia este chico, no pudo negarle la petición. El día del asalto a la colina, la antigua columna del POUM fue la que se puso en primera línea. Fue un desastre: la ayuda que debía llegar de Madrid lo hizo muy tarde, ya de día, y muchos hombres cayeron en el frente. Clavelín murió allí mismo, tenía solamente quince años. Y así termina el relato de Mi guerra de España, pero no la epopeya de Mika, quien fue víctima de las purgas estalinistas. Fue detenida y enviada a una checa, considerándosele enemiga de la República por su condición de trotskista. Pero Cipriano Mera, anarquista comandante de la 14 división, y amigo de Mika, la salvó. Sin embargo ya no pudo volver al frente.


¿Y qué podemos decir como conclusión a nuestra lectura de Mi guerra de España? El horror cometido por los propios comunistas, compañeros al principio y enemigos al final; la incompetencia de un gobierno que no supo actuar a tiempo; la intrusión de Stalin en la guerra de España, las purgas entre los mismos compañeros, las divisiones, la falta de medios, la no intervención de los países que se llamaban a sí mismos democráticos… No, no podemos dar una conclusión. Únicamente rendir homenaje a Mika y todos los extranjeros que creyeron en la libertad y lucharon hasta la muerte por ella.

1Mika Etchebehere, Mi guerra de España. Una mujer a la cabeza de una columna de combate (edición francesa), 1976, p. 41.

miércoles, 18 de diciembre de 2019

Mercedes Núñez Targa: escritura contra el olvido

Mercedes Núñez Targa: escritura contra el olvido

Artículo publicado en la Revista Cultural Los Ojos de Hipatía, el 17 de julio de 2019

Rocío González Naranjo

Como viene haciendo de manera excepcional la editorial Renacimiento, en su trabajo de recuperación, nos ofrece las dos obras memorialísticas de Núñez Targa en un solo volumen titulado: El valor de la memoria. De la cárcel de ventas al campo de Ravensbrück. Es una obra imprescindible para conocer la represión sufrida de los luchadores por la libertad que, no está de más decirlo, no tuvieron el apoyo de ninguno de los llamados países democráticos.

   En efecto, Mercedes es una de esas personas que se ha mantenido en el olvido de manera insultante (sobre todo en España) por diferentes razones. La primera que nos parece esencial es el hecho de ser mujer. Ciertamente, la Historia viene siendo escrita de manera androcéntrica, privilegiando héroes hombres que parecen representar los valores de la sociedad imperante. En segundo lugar, un silencio de casi cuarenta años de dictadura es otro de los factores que han sufrido no sólo las mujeres, sino también los hombres que lucharon por la República, pues la Historia viene siendo escrita por los vencedores. Y por último, una legislación dudosa en materia de memoria histórica que además llegó tarde, muy tarde, y que sigue siendo una problemática en estos años en los que se celebra el 80 aniversario de la Retirada.

    Los libros de Mercedes, Cárcel de Ventas y Destinada al crematorio tienen un valor no sólo memorialístico, sino historiográfico que deberían insertarse en los libros escolares, gracias a la transmisión de valores para la construcción del ciudadano, tan necesaria hoy en día. Desgraciadamente, esta manera de ocultar nuestra historia más negra y la exaltación de valores obsoletos hacen crecer fuerzas antidemocráticas y rancias como lo es un partido de cuyo nombre no quiero acordarme.

    Mercedes no cometió más delito que adherir a las ideas progresistas de la República y defenderlas durante la guerra civil. Miembro del PSUC y activa en diversos frentes, fue la secretaria del cónsul de Chile en Barcelona, Pablo Neruda. Al terminar la guerra, la “peligrosísima” Mercedes fue a parar a la malograda cárcel de Ventas, donde permaneció dos años. “Explica a los de la calle lo que has visto aquí”, le dijo una reclusa, y Mercedes cumplió su promesa. En sus escritos relata el horror de aquella cárcel sobrepoblada, denominándola de manera irónica “Hotel maravilloso”. Las diligencias – eufemismo para hablar de torturas –; las “sacas” en medio de la noche con el horrible destino de las tapias del Cementerio del Este; las “expediciones”, alejando así a las reclusas de sus familiares; la “caridad” de las monjas del Buen Pastor… Ciertamente, es una obra que oprime el corazón, pero muy necesaria. Gracias a su escritura, Mercedes pudo cumplir su palabra al dar voz a las que ya no pudieron hacerlo, e incluso nombrar a muchas mujeres, entre ellas a Matilde Landa, Matilde Revaque, Julia Lázaro, María del Rey, Rosita Ventura, Dolores Cuevas o las Trece Rosas.
Dibujo de Mercedes en las que aparecen la pedagoga Justa Freire y la maestra Rafaela González Quesada, con las que trabó amistad.
   Como en otras obras de antiguas presas – Tomasa Cuevas, Carlota O’Neill – comprobamos que ante esta situación, las presas resisten: pequeños gestos de resistencia que en un lugar y momento como aquel, era algo muy temerario. Se buscaba masacrar a estas mujeres por su pasado: mujeres modernas, intelectuales, obreras, comprometidas, o simplemente esposas o madres de republicanos. La tortura y el asesinato no les bastaba para acabar con “la semilla roja”, sino que, degradando las condiciones de vida de estas mujeres, conseguían acabar con la dignidad de la persona. No fue el caso de estas luchadoras, como cuenta Mercedes. No consentían la suciedad, ni que una compañera se dejara de cuidar, e intentaron (y lo consiguieron) continuar una vida casi normal dentro de los muros de la prisión. De este modo, Mercedes nos cuenta la creación de la escuela, y como ésta pudo ayudar a muchas mujeres a saber leer y escribir; del mismo modo se concentraron en cantos corales. Es decir, había que continuar viviendo, siempre con la esperanza de que los aliados liberarían a España del fascismo.



   El periplo de Mercedes no terminó en las cárceles franquistas, pues consiguió huír a Francia, donde participó activamente en la resistencia contra los ocupantes nazis. Concretamente, participó en la Quinta Agrupación de Guerrilleros Españoles en la zona de Carcassonne, al sur de Francia. En mayo del 44 la Gestapo la detuvo y fue conducida al campo de concentración de Ravensbrück. Es la segunda lectura que aporta este volumen. Si ya nos habíamos sobrecogido con la estancia en la cárcel de Ventas, el testimonio sobre la reclusión en Ravensbrück es atroz, pero repetimos, necesaria. Además, Mercedes escribe con una espontaneidad que da la oralidad de su escritura y la experiencia en primera persona, como bien señala:

Escribo porque se tiene que contar, aunque no sepa demasiado, con mi vocabulario empobrecido por el exilio; porque no se trata de hacer obra literaria, sino de decir la verdad1.

   Otras lecturas sobre Ravensbrück las encontramos con Neus Català o Lise London por ejemplo, y las similitudes de las vivencias confluyen en una única voz: la de las mujeres antifascistas. Mercedes nos sumerge en su periplo antes de llegar al infierno: el fuerte de Romainville y su intento de evasión; el paso por Sarrebruck, en el que comienza a ver el trato dado a los antifascistas y la crueldad de los nazis; el viaje en un tren de ganado hacia el infierno de Ravensbrück, en el que las mujeres no tienes más que una botella de agua y un cubo para sus necesidades durante cinco días. Vemos pues que el objetivo de los nazis era el mismo que el de los franquistas: la pérdida de la dignidad humana de estas mujeres.
Triángulo rojo de Mercedes en Ravensbrück

   El campo de Ravensbrück es la muerte misma, conjugándose como un insulto de las muertes diarias con bellas casas con jardines, casas destinadas a los “trabajadores” del campo. De nuevo, Mercedes conoce la solidaridad entre españolas y extranjeras, y otra vez nos encontramos ante situaciones de degradación del ser humano: las horas interminables del appell – el recuento de las prisioneras –, la crueldad de las blockowa – las jefas de los barracones –, las experiencias médicas, la cámara de gas… es decir, la lucha por la supervivencia. Mercedes formó parte de un Kommando de trabajadoras, el destinado a Hasag, empresa dedicada a la producción de armamento, empresas que se enriquecieron con la mano de obra gratuita que les proporcionaba la esclavitud instaurada para los enemigos del nazismo. Y de nuevo tenemos la sensación de esperanza ante pequeños momentos de triunfo, de resistencia, al sabotear la producción por ejemplo, o incluso al romper una máquina de producción de obuses donde mueren dos alemanes. Hay un momento en el que las presas rechazan un sueldo que se ha querido dar para demostrar que son tratadas de manera indulgente. Y podría continuar, pero no quiero quitar al futuro lector el placer de descubrir por sí mismo la experiencia vital de una luchadora por la libertad, que fue reconocida en Francia, pero que a día de hoy sigue siendo “uno de esos españoles que pasaron por las cárceles franquistas” sin indagar más en la cuestión. Mercedes Núñez Targa merece ser estudiada en los libros de Historia, como tantísimas otras luchadoras por la libertad.

1Mercedes Núñez Targa, El valor de la memoria, Renacimiento Editores, Sevilla, 2016, p. 125.

viernes, 30 de noviembre de 2018

Deconstruyendo la historia oficial: mujeres espías que no fueron Mata-Hari

Deconstruyendo la historia oficial: mujeres espías que no fueron Mata-Hari

Rocío González Naranjo


Cuando se habla de mujeres espías, siempre se piensa en la « femme fatale », la mujer que, gracias a su belleza y a sus argucias, consigue los planes del enemigo. Mujer fría, calculadora, hermosa : la espía como Mata-Hari se ha quedado fijada en nuestra mente, olvidando así las mujeres espías que lucharon por la libertad, sabiendo que arriesgaban sus vidas por una causa justa. Por ellas, vamos a explicarles las historias de estas espías, que nada tienen que ver con esa imagen que nos han vendido. Eran Mujeres, con mayúscula, combatientes por la libertad, contra el fascismo, contra el autoritarismo, a veces engañadas por sus propios dirigentes, pero a las cuales les debemos mucho.



Empezaré por Marina Vega (1923-), la cual se alistó con sólo 17 años a las Fuerzas Francesas Libres de Charles de Gaulle, es decir, en la Resistencia Francesa, como espía para los franceses.
Comenzó porteando paquetes desde la frontera hasta Madrid. Después empezó a salvar vidas (judíos franceses sobre todo). Fue condecorada por el Parlamento Europeo por su defensa por la LIBERTAD.
El nombre que le dieron fue el de "cazanazis", aunque ella misma no quiere decir el número de nazis que arrestó o mató por respeto a los descendientes de éstos. 



Africa de las Heras (1909-1988). Su nombre en clave era PATRIA, y tras participar en la Revolución de 1934, marchó a la URSS para ser reclutada como agente y ser instruida para su primera acción: entrar en contacto con los trotskistas.
Tras el asesinato de Trotski, en el que ella
estuvo implicada, marchó a URSS donde fue de nuevo instruida para su nueva misión: formar parte de destacamento guerrillero Los Vencedores en 1942.
A partir de 1945 y con la Guerra Fría, form
ó parte de la KGB, instalándose en Uruguay. Se piensa que fue ella quien interceptó la información del ataque de la Bahía de Cochinos.
Llegó al puesto de coronel y fue la española más condecorada por la URSS.
Estemos o no de acuerdo con sus acciones y su vida, esta mujer merece un lugar en la Historia.



Violette Szabo (1921-1945) fue una franco-inglesa muy joven de los servicios secretos británicos, que decidió infiltrarse en la Francia ocupada de los nazis para ayudar a la inteligencia británica con informes importantes para los aliados.
Pertenecía a la sección F de Special Operations Executive (SOE) durante la Segunda Guerra Mundial.
En su primera misión, en abril de 1944, saltó en paracaídas en la localidad francesa de Cherbourg. Bajo el nombre de "Louise", rehizo la red de resistentes de Rouen. Al mismo tiempo enviaba sus informes sobre las fábricas en las que se realizaba armamento nazi, muy importante para los británicos, pues permitió saber los puntos que debían bombardearse.
En su segunda misión, en junio del mismo año, partió a la región del Limousin para ayudar a los grupos maquis y proyectar las actividades de sabotaje. El 10 de junio del 44, el mismo día de la masacre de Oradour-sur-Glane, cayó en una emboscada y fue arrestada y torturada.
Fue deportada a Ravensbrück y en febrero de 1945 fue ejecutada, antes de la liberación del campo. Sólo tenía 23 años.
Una película explica su trayectoria, Carve Her Name with Pride (1958) de Lewis Gilbert.



Freda Josephine McDonald, más conocida como Joséphine Baker (1906-1975), fue una cantante célebre en su época, pero sobre todo, una gran resistente contra los ocupantes alemanes.
Fue, desde principios de la guerra, en 1939, una agente de contraespionaje, frecuentando la alta sociedad de París. Se enroló en los servicios de espionaje de la France Libre. Fue enviada a Marruecos para seguir con su labor.
Como anécdota, utilizaba sus partituras para esconder mensajes para los aliados. También estuvo en las fuerzas aéreas de los aliados, consiguiendo desembarcar en Marsella en 1944.
Le
dieron la Medalla de la Resistencia tras la Liberación y Chevalier de la Légion.



Krystyna Skarbek (1915-1952) tuvo una vida de película hasta el final: valiente, osada, independiente...no debemos olvidarla.
Originaria de una familia aristocrática judía de Polonia, Skarbek no dudó en luchar contra los nazis a través de la SIS (Servicio Secreto de Inteligencia).
Antes de formar parte de los servicios británicos, ya demostró su valor: En 1941 Krystyna y el que por entonces era su marido, fueron detenidos en Budapest. Para evitar ser entregados a la Gestapo, fingió tener tuberculosis mordiéndose la lengua hasta escupir sangre.
En 1944 fue solicitada para reemplazar en Francia a Cecily Lefort, ejecutada por la Gestapo. Allí, Krystyna se convirtió en Pauline Armand, entrando en la red de resistencia del valle del Ródano.
Cammaerts, el jefe de la red resistente, otro agente de SOE y un oficial francés fueron detenidos. Krystyna no dudó en presentarse ante un oficial de la Gestapo llamado Max Waem para negociar la liberación de los presos, presentándose como la esposa de uno de ellos, alegando el fin de la guerra y amenazando con las represalias!!!! Qué fuerza y qué valor. Esto es lo que dijo:
“Si yo fuese usted me pensaría muy bien la proposición que le hago [...] si algo le pasa a mi marido o a sus amigos, las represalias serán rápidas y terribles, porque no tengo que decirle que [...] tiene una infame reputación entre los locales”

Pues bien, después de todo lo que hizo esta heroína, esta gran mujer, y de las medallas y condecoraciones recibidas, Krystyna, al mes de terminar la guerra, fue despedida con un mes de salario. Fue asesinada por un loco compañero de trabajo en 1952. 



Virginia Hall (1906-1982), una americana que empezó a trabajar para la SOE, el servicio secreto británico desde 1941, puso en jaque a los alemanes, buscada por la Gestapo, argumentando que se trataba de la espía más peligrosa para los nazis.. Su reclutamiento fue excepcional, ya que se trataba de buscar personas preparadas que pasaran desapercibidas, y Virginia tenía un distintivo físico importante: tenía una pata de palo, al haber perdido una pierna en un accidente de caza.
Aún así, fue agente en la Resistencia francesa: destrozó muchos de los planes de los ocupantes, realizó acciones de sabotaje, capturó a 300 soldados, destruyó puentes, ayudó a escapar a soldados, ayudó a la Resistencia abasteciéndola en armamento... Se convirtió en la pesadilla del monstruo nazi Klaus Barbie, y se inició su búsqueda y captura con una pancarta con su fotografía y la siguiente leyenda: "Esta mujer que cojea es una de las más peligrosas agentes de los aliados en Francia, y debemos encontrarla y destruirla".
Tras esto, huyó a España, cruzando los Pirineos a pie (con una sola pierna!) siendo encarcelada durante seis semanas en el Campo de Miranda de Ebro, liberada por el cónsul americano de Barcelona.
Pasó a formar parte de la Oficina de Servicios Estratégicos de Estados Unidos, la OSS, con quien volvió a Francia, para sabotear las acciones de los nazis, aún siendo una de las caras más codiciadas por la Gestapo.
Disimuló su pierna haciéndose pasar por una vendedora de quesos para los nazis, recogiendo así mucha información que enviaba a Londres. También contactó con la resistencia francesa de nuevo, con la que colaboró para organizar el famoso día D: monta pisos francos, coordina la entrega de suministros, rescata a pilotos aliados e incluso se encarga de entrenar a tres batallones de la resistencia con los que sembrará el caos en la Francia ocupada.
Tras la guerra, siguió trabajando para la OSS convertida en CIA, hasta su muerte. No hay películas, documentales, libros...nada sobre ella. Hemos encontrado un libro de ilustración llamado Rejected Princesses, y un personaje de vídeo juegos que podría estar inspirado en ella: ‘Battlefield V’.




ELLAS: LAS CARAS DE ALGUNAS SOCIAS DEL LYCEUM CLUB FEMENINO DE MADRID EN SU CENTENARIO (1926-1936)

Lo que no se nombra, no existe. Ellas han aparecido siempre con el nombre de sus esposos. Y aunque era una costumbre de la época, estamos en...